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14 Jan 2025Views 1029Follando con el gordito de la oficina En la oficina, Renata descubre que Bruno, su companero mas inesperado, oculta un deseo y una pasion que la llevaran al limite.


En el cuarto piso de un edificio gris y anodino, la oficina de contabilidad era cualquier cosa menos aburrida desde que Renata llego hacia menos de seis meses. Su risa, un tanto escandalosa pero contagiosa, resonaba entre los escritorios, iluminando incluso los lunes mas oscuros. Habia llegado como practicante, una joven de figura escultural que arrancaba miradas y murmuraciones, y no tardaron en etiquetarla como “la rubia tonta” sin siquiera escucharla hablar. Pero Renata, no tardo en desmentirlos.

Demostro rapidamente que era mucho mas que su apariencia: astuta, ingeniosa y con una capacidad para el sarcasmo que desarmaba incluso a los mas arrogantes. Su encanto radicaba en su habilidad para moverse entre lo seductor y lo natural, sin esfuerzo, dejando una estela de admiracion y envidia a su paso.

En pocos meses, no solo habia cautivado con su figura impecable — Una cintura que se cenia como un suspiro y un culo que parecia esculpido para provocar fantasias. —, sino tambien con su humor descarado y su habilidad para conectar con todos. Renata no pedia atencion, la tomaba. Y todos se la daban.

Hoy llevaba un vestido rojo ajustado, tan corto que apenas cubria lo necesario cuando cruzaba las piernas, cenido como una segunda piel que delineaba cada curva con descaro, arrancando miradas furtivas y comentarios susurrados, aunque ella siempre respondia con una sonrisa desafiante. El tejido, suave, parecia moverse con ella, ajustandose a cada curva de su cuerpo como si fuera parte de su piel.

Sus tacones negros resonaban en el suelo de baldosas cada vez que se desplazaba entre los escritorios, marcando su presencia con un ritmo casi hipnotico. Renata no se limitaba a caminar: deslizaba su figura como una danza improvisada, consciente del efecto que provocaba.

El aire a su alrededor siempre parecia mas calido, perfumado con un aroma que era una mezcla de citricos y flores blancas, un eco de su personalidad: vibrante, pero con una dulzura inesperada. Cuando hablaba, lo hacia con una mezcla de coqueteria y desafio, dejando claro que sabia lo que valia. Sus unas, cuidadas al extremo, daban golpecitos en el escritorio cuando esperaba respuesta, un tic que descolocaba a mas de uno.

Bruno, en cambio, era todo lo contrario: una presencia tranquila y solida, el Dionisio silencioso en medio del caos apolineo que Renata traia consigo. Se mantenia en su escritorio, revisando numeros con la paciencia de un hombre que habia vivido lo suficiente para saber que nada era tan urgente como parecia. Su figura robusta llenaba la silla de oficina sin esfuerzo, pero sin mostrar incomodidad, y los anos que rondaban los cincuenta se reflejaban en las lineas de su frente y en las primeras canas que asomaban en sus sienes. Bruno era grande, corpulento, con esa robustez que otros intentarian disimular, pero que en el se convertia en parte de su magnetismo.

Sus camisas de cuadros y pantalones negros intentaban pasar desapercibidos, aunque sus ojos oscuros, siempre brillantes de humor, lo delataban. No era un hombre de muchas palabras, pero cada una que decia lograba arrancar risas o desarmar silencios incomodos. Su humor era seco, agudo, y a menudo tomaba a Renata por sorpresa, algo que ella disfrutaba mas de lo que admitiria, especialmente porque parecia provenir de una experiencia que ella aun no alcanzaba a comprender del todo.

Cuando los dos estaban juntos, la oficina parecia dividirse en dos mundos: el de Renata, un torbellino de energia y provocacion, y el de Bruno, un remanso de calma disfrazada de desinteres. Pero entre ellos habia una chispa que ni el mas denso de los balances contables podia ocultar. Era una tension palpable, una danza implicita entre lo apolineo y lo dionisiaco. Donde Renata representaba la perfeccion y la belleza desbordante, Bruno encarnaba la libertad cruda y los placeres terrenales que ella, pese a su fachada elegante, anhelaba explorar.

Cada vez que Renata se acercaba a su escritorio, jugando con el borde de su taza de cafe o inclinandose justo lo suficiente como para que su perfume lo envolviera, Bruno sentia que el equilibrio que habia construido a su alrededor se tambaleaba. Pero nunca se lo dejaba ver. El solo levantaba la mirada de sus numeros, con una sonrisa ladeada que parecia decirle que habia visto mas alla de su fachada.

—¿Piensas seguir arruinando el lunes con tu eficiencia, Bruno? —pregunto Renata mientras se apoyaba en el borde de su escritorio, con la taza de cafe en la mano y un brillo travieso en los ojos.

—Alguien tiene que compensar el desorden que traes contigo —respondio el, sin siquiera levantar la vista, aunque su sonrisa lo delataba.

Renata hizo una mueca de fingido ultraje y dejo la taza sobre la mesa, inclinandose un poco mas hacia el. El borde de su vestido, ya de por si peligroso, se deslizo hacia arriba lo suficiente como para que, de no detenerlo con una mano firme, hubiese mostrado el inicio de sus nalgas. Lo hizo con tal naturalidad, un movimiento tan calculado pero despreocupado, que nadie dudo de su intencion.

El lo noto, claro, al igual que varias miradas furtivas de sus companeros, aunque ella, como siempre, parecia ignorar ese pequeno caos que dejaba tras de si. Su tono cambio, adoptando ese aire desafiante que Bruno conocia demasiado bien.

—Apuesto a que puedo ganarte en... no se, algo. Tu elige.

Bruno finalmente levanto la mirada, sus ojos brillando con diversion mientras recorrian su figura. —¿Algo como que? ¿Quien hace mas rapido una tabla dinamica? Porque te advierto que soy imbatible.

Ella rio, dejando que su cabello rubio, suelto y sedoso, rozara sus hombros como un halo dorado en movimiento. —Por favor. ¿Que tal algo mas... fisico? —Hizo una pausa dramatica, disfrutando del momento—. Como encestar bolitas de papel en esa papelera de alla.

Bruno arqueo una ceja. —¿En serio? ¿Eso es todo lo que tienes?

—¿Tienes miedo de perder? —replico ella, inclinandose aun mas, hasta que sus labios parecieron susurrar las palabras en el aire entre ellos.

—Esta bien. —El se recosto en su silla, cruzando los brazos sobre su pecho, que se abultaba ligeramente, dejando entrever el peso de su cuerpo bajo la camisa de cuadros, un detalle que, lejos de parecerle incomodo, llevaba con naturalidad —. Si gano, tu pagas el cafe de toda la semana.

—Y si yo gano... —Renata se detuvo, llevandose un dedo a los labios mientras fingia pensar—. Tu me invitas a hacer algo divertido. Nada de numeros ni graficos.

Bruno la miro con una mezcla de incredulidad y curiosidad. —Hecho. Pero preparate para perder.

El reto estaba en marcha. Renata hizo la primera tirada, una bolita de papel que describio una trayectoria impecable… hasta aterrizar con un golpe seco en el escritorio de un companero. Este levanto la vista, fingiendo indignacion mientras contenia una sonrisa. A su alrededor, las miradas curiosas de la oficina ya se habian posado en la escena, algunos disimulando risas, otros lanzando apuestas en susurros, convirtiendose en complices silenciosos del juego improvisado.

—¿Divertido, eh? —murmuro Bruno antes de lanzar su bolita. Entro directo al cesto sin rozar los bordes.

—!Trampa! —protesto Renata, aunque no pudo evitar reirse.

La competencia continuo hasta que quedo claro que Bruno era el vencedor indiscutible. Al terminar, Renata levanto las manos en senal de rendicion.

—Esta bien, ganaste. ¿Y ahora que? ¿Me llevaras a un torneo de ajedrez o algo igual de emocionante?

Bruno se inclino hacia ella con una sonrisa que parecia esconder algo mas. —Pensaba en algo mas atrevido. Ya veras.

La frase quedo flotando en el aire mientras Renata lo miraba, con una mezcla de sorpresa y curiosidad ardiente.

Cuando Bruno se puso de pie y tomo su chaqueta, Renata lo miro con una mezcla de curiosidad y desafio. El era grande, no solo por su altura, sino por esa robustez que llenaba cada espacio donde se encontraba. Sin embargo, se movia con confianza, como si el peso de las miradas no lo afectara. Ella, en cambio, con su vestido rojo ajustado, disfrutaba sabiendo que cada movimiento suyo capturaba la atencion. Esa combinacion entre ellos, de su seguridad callada y su coqueteria desbordante, era una chispa esperando encenderse.

—¿Entonces, a donde vamos? —pregunto Renata, con una sonrisa ladeada mientras ajustaba la correa de su bolso.

—Confia en mi. Me pediste diversion, ¿no? —respondio Bruno, abriendo la puerta con un gesto galante.

El trayecto en el auto estuvo lleno de risas. Bruno, con su humor seco, narraba historias absurdas de la oficina, mientras Renata lanzaba comentarios mordaces entre carcajadas. A medida que avanzaban, la conversacion empezo a tomar un tono mas personal. Renata, curiosa como siempre, no podia evitar adentrarse en el terreno peligroso.

—Dime, Bruno… ¿por que nunca sales con nosotros despues del trabajo? —pregunto mientras jugaba con un mechon de su cabello.

—¿Para que? ¿Ver como todos intentan bailar despues de tres cervezas y terminan compartiendo secretos que al dia siguiente olvidan? —El sonrio, pero habia una chispa en sus ojos—. Ademas, prefiero momentos mas… selectos.

—¿Selectos? —Renata arqueo una ceja, claramente intrigada—. ¿Como este?

Bruno giro la cabeza hacia ella un instante antes de devolver la vista al camino. —No lo se. ¿Es este un momento selecto para ti?

Ella rio suavemente, pero su respuesta quedo atrapada en su garganta cuando noto el lugar al que se acercaban. El letrero luminoso del motel “El Olimpo” parpadeaba en la distancia, y ella abrio los ojos de par en par, llevandose una mano a la boca para ocultar una sonrisa de incredulidad.

—¿En serio? —dijo, sin evitar reir—. ¿Tu idea de diversion es un motel? ¿Que sigue, una maquina de condones con luces neon?

Bruno aparco con calma, dejando que el motor murmurara unos segundos antes de apagarlo. Se giro hacia ella con una sonrisa despreocupada.

—Prometi que seria divertido. Y no puedes negar que esto tiene su encanto. —Levanto las cejas, desafiandola a rechazar la idea.

Renata lo miro por un segundo mas antes de soltar una carcajada. —Eres increible. Esta bien, Bruno. Me dejaste sin excusas.

La decoracion algo ostentosa del lugar, con columnas falsas y luces doradas titilando en la entrada, arranco otra risa de Renata. —¿En serio? Esto parece un set de pelicula mala. —A pesar del comentario, sus ojos brillaban con curiosidad.

Dentro, la recepcion estaba envuelta en un aire de discrecion forzada. Una joven detras del mostrador les lanzo una mirada rapida, evaluadora, que parecio detenerse en el vestido corto de Renata antes de posarse en Bruno, en un juicio silencioso. Ella no se inmuto, acostumbrada a las miradas. Incluso se tomo un momento para arreglarse el cabello con gesto despreocupado, dejando que su perfume envolviera el ambiente. Bruno, en cambio, la observaba con una sonrisa tranquila, como si el resto del mundo simplemente no importara.

—¿Una suite estandar? —pregunto la recepcionista, su voz neutra, pero con un leve matiz que Renata interpreto como curiosidad morbosa. No se molesto en disimular su atencion cuando los vio moverse juntos.

—Si, claro —respondio Bruno, con la misma calma habitual, mientras entregaba el dinero sin vacilar.

El camino al cuarto fue una mezcla de risas bajas y el sonido ritmico de los tacones de Renata sobre el piso de ceramica, un eco que parecia marcar la intensidad creciente entre ellos. Bruno caminaba un paso detras, observando como el vestido rojo subia apenas con cada escalon, dejando entrever la perfeccion de sus piernas. Ella, consciente del efecto, movia las caderas con una provocacion natural que parecia inherente a su forma de ser.

—¿Asi que este es tu plan maestro? ¿Encierras a tus victimas aqui y las haces reir hasta que acepten cualquier cosa?

Bruno se encogio de hombros mientras dejaba su chaqueta en una silla. —Esa es una estrategia. Aunque contigo, creo que ni siquiera necesito esforzarme tanto.

El comentario, lanzado con la calma de quien sabe exactamente el efecto que tendra, hizo que Renata se ruborizara. Pero lejos de sentirse intimidada, ella decidio devolver el juego.

—¿Y que sigue, caballero? ¿O debo tomar la iniciativa? —pregunto, caminando lentamente hacia el, el vestido cenido moviendose con cada paso.

Bruno la miro de arriba abajo, su expresion tranquila, pero con una intensidad que hizo que el aire entre ellos se cargara.

—No se si puedas manejar lo que sigue. —Su voz era baja, grave, pero cargada de una confianza que desarmaba cualquier duda.

Renata se detuvo justo frente a el, sus ojos fijos en los suyos. Su mano se alzo lentamente, trazando un camino invisible por la linea de su brazo, hasta apoyarse en su pecho. El no se movio, pero su respiracion parecio hacerse mas lenta, mas profunda.

—¿Sabes que me gusta de ti, Bruno? —murmuro ella, inclinandose apenas hacia adelante.

—¿Mi cuerpo apolineo? —respondio el, con una sonrisa ladeada.

Renata rio suavemente, sus labios rozando apenas la tela de su camisa mientras deslizaba los dedos por su pecho. —Que no finges. Eso es… atractivo.

El no respondio de inmediato. En cambio, alzo una mano y la coloco en su cintura, con una posesividad que desperto algo en Renata. El contraste entre su mano grande y el contorno delicado de su figura hizo que ella se estremeciera.

—Y a mi me gusta que no te asusta estar cerca de alguien como yo. —Su tono era serio, pero sus dedos trazaron un circulo lento en su cintura, arrancandole un leve jadeo.

—¿Por que deberia asustarme? —pregunto ella, su voz apenas un susurro.

—Porque no siempre se cuando parar. —Bruno inclino la cabeza, su aliento calido rozando el cuello de Renata.

Ella sonrio, desafiante, mientras sus labios buscaban los de el. —No lo hagas.

Bruno se acerco con una firmeza que contrastaba con la calma habitual de su caracter. Cuando sus labios finalmente se encontraron, Renata sintio un calor que se expandia desde su pecho hasta sus piernas. El primer roce fue lento, casi una exploracion timida, pero pronto su boca se abrio a la de el, y la sutileza dio paso a un deseo palpable. Sus lenguas se encontraron, moviendose en una danza humeda y provocadora, cada movimiento cargado de esa tension contenida que ambos habian llevado consigo durante meses.

La saliva se mezclaba en besos profundos, dejando un rastro calido y humedo en sus labios. Bruno, que hasta entonces habia mantenido un agarre suave en su cintura, deslizo sus manos hacia sus caderas, afianzando su agarre con una posesion que arranco un leve gemido de Renata. Sus dedos grandes y firmes parecian abarcarla por completo, ejerciendo una presion que ella encontro sorprendentemente excitante.

—¿Asi esta bien? —murmuro Bruno contra su boca, su voz ronca y baja, pero con un brillo de provocacion en los ojos.

Renata rio suavemente, sin apartarse, dejando que su aliento calido chocara contra los labios de el. —¿Estas pidiendo permiso? —bromeo, su tono cargado de desafio.

Esa fue la ultima invitacion que Bruno necesito. Con un movimiento rapido y decidido, la levanto por las caderas, girandola hacia la cama como si su cuerpo delgado y esculpido no pesara nada. El contraste entre su fuerza y el cuidado que mantenia con ella encendio algo profundo en Renata. No le importaba ceder, no cuando cada caricia y cada beso hablaban de un hambre que Bruno habia escondido tras anos de pasividad calculada.

Renata sintio como sus pies tocaban el suelo brevemente antes de que Bruno la presionara suavemente hacia la cama. El permanecio de pie frente a ella, observandola con una intensidad que parecia devorarla, su respiracion agitada haciendo que su pecho se levantara y bajara bajo la camisa que aun llevaba puesta. Ella, en cambio, aprovecho ese instante para tomar el control de su propia entrega.

Con movimientos pausados pero cargados de intencion, Renata llevo sus manos al borde del vestido rojo, deslizandolo lentamente hacia arriba. La tela cedio con un suave susurro, revelando primero las generosas curvas de sus caderas y luego su vientre plano, donde el calor parecia acumularse como un fuego contenido. La piel de Renata brillaba bajo la luz calida de la habitacion, un contraste perfecto con el conjunto de lenceria granate que ahora la cubria.

El sujetador de encaje delicado se cenia a sus pechos, dejando entrever sus pezones endurecidos que marcaban la tela con descaro, coronados por areolas pequenas y oscuras, tan perfectas como provocadoras. La braga hacia lo propio, abrazando con descaro sus caderas, con un diseno tan minimo que la suavidad de su piel se asomaba a traves de los intrincados patrones del encaje, insinuando mas de lo que cubria.

Renata alzo la mirada hacia Bruno, con las mejillas encendidas y el pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiracion acelerada. Su cuerpo irradiaba deseo, cada curva y cada detalle parecia disenado para desarmar a cualquiera. El, inmovil por un instante, dejo que su mirada la recorriera lentamente, grabando en su mente cada detalle de esa imagen que parecia sacada de un sueno.

Bruno trago saliva, sintiendo como su garganta se secaba ante la vision. Por un instante, su mano vacilo en el aire, pero luego se dejo llevar por el deseo y la tomo de nuevo por las caderas, esta vez con un agarre mas firme, su piel calida y suave contrastando con la aspereza de sus manos.

—Mierda, estas riquisima... —murmuro, su voz grave resonando en la habitacion.

Renata sonrio con suficiencia, inclinandose hacia el, sus labios rozando apenas la linea de su mandibula mientras sus unas trazaban lineas lentas por su pecho. —Y tu eres mucho mas de lo que esperaba... —susurro, dejando la frase a medio terminar mientras lo atraia hacia la cama con ella.

Bruno cedio al tiron, inclinandose sobre ella mientras la tumbaba con cuidado entre las sabanas blancas. Su peso, firme y envolvente, se sentia como una fuerza imparable, un contraste delicioso que hizo que Renata arqueara la espalda, presionandose mas contra el con una mezcla de ansia y entrega. Sus bocas se encontraron de nuevo, pero esta vez no hubo suavidad, solo una urgencia cruda que encendio aun mas el calor en sus cuerpos. La barba incipiente de Bruno raspaba suavemente la piel de Renata, provocandole una deliciosa sensacion que la hacia estremecerse y aferrarse a el con mas fuerza.

Las manos grandes de Bruno exploraron cada rincon del cuerpo de Renata, moviendose con una precision que parecia disenada para arrancarle pequenos jadeos. Sus dedos se deslizaron por la curva de sus muslos, ascendiendo lentamente hasta encontrar la linea del encaje que apenas la cubria. Su tacto alternaba entre firmeza y ternura, trazando caminos que parecian marcarla con cada caricia, una mezcla perfecta de dominio y adoracion.

Renata, sintiendo el calor que irradiaba el cuerpo de Bruno y como se intensificaba la presion de su entrepierna contra ella, decidio tomar el control por un instante. Sus manos, pequenas pero firmes, se deslizaron desde el cuello de el hasta su pecho, empujando suavemente para que el se enderezara un poco. Sin apartar los ojos de los de Bruno, llevo una mano hacia la cintura de sus pantalones, dejando que sus dedos juguetearan con el borde antes de descender lentamente.

Cuando su palma encontro el bulto creciente bajo la tela, Renata lo rozo con suavidad, ejerciendo apenas la presion necesaria para arrancarle un suspiro profundo. Sonrio al sentir como reaccionaba a su toque, su ereccion endureciendose mas bajo sus dedos mientras alternaba entre caricias lentas y un agarre mas firme.

—Parece que no soy la unica que no puede parar —murmuro ella, con una voz cargada de provocacion y deseo.

Ella, lejos de detenerse, continuo estimulandolo, su mano trazando un ritmo lento pero decidido, disfrutando de cada respuesta que lograba arrancarle. La dureza de Bruno contra su palma, el calor que irradiaba su cuerpo y la tension en su respiracion eran la confirmacion de que lo tenia exactamente donde lo queria.

Renata dejo caer la cabeza hacia atras, su cabello rubio extendido sobre las sabanas como un marco etereo mientras sus dedos ahora buscaban el borde de la camisa de Bruno. Con un tiron decidido, comenzo a desabotonarla, revelando el torso amplio y ligeramente marcado por los pliegues de su obesidad. Pero lejos de encontrarlo ajeno, esa crudeza masculina la excitaba aun mas. Queria tocar cada parte de el, sentir su calor contra su piel, descubrir el placer que ambos habian postergado por tanto tiempo.

Sus bocas se encontraron de nuevo, pero esta vez no hubo rastros de timidez ni sutileza, solo hambre contenida que finalmente se desbordaba. La barba incipiente de Bruno raspaba la piel de Renata, anadiendo una textura cruda y placentera a cada beso que descendia desde su boca hasta la linea de su mandibula, dejandole un rastro ardiente en el cuello.

Las manos grandes de Bruno se movieron con firmeza, trazando caminos que arrancaban jadeos de los labios entreabiertos de Renata. Sus dedos recorrieron sus costados y luego se afianzaron en las curvas de sus caderas, atrayendola hacia el con una seguridad que la desarmo. No era el hombre tranquilo y callado que ella creia conocer. Frente a ella, Bruno se transformaba en la encarnacion misma de Dionisio, la lujuria y el placer hechos carne, tomandola como si el tiempo se hubiera detenido y solo importaran sus cuerpos unidos.

—Eres demasiado hermosa… —murmuro Bruno, su voz ronca, rota por el deseo, mientras descendia lentamente hacia el valle de los pechos de Renata. Sus palabras vibraron en su piel, provocandole un escalofrio que se extendio hasta su vientre.

Con una mezcla de adoracion y hambre contenida, Bruno envolvio uno de sus pechos en su boca, su lengua trazando circulos alrededor del pezon endurecido. La sensacion era intensa, casi insoportable. Renata dejo escapar un gemido agudo, sorprendida por la fuerza con la que el la devoraba, como si cada rincon de su cuerpo fuera un banquete creado solo para el.

Bruno gruno bajo, sus labios recorriendo el borde del pezon de Renata antes de atraparlo entre sus dientes con una presion calculada. Las succiones profundas hacian que su cuerpo temblara bajo el, mientras un pensamiento oscuro y morboso cruzaba su mente: "Mierda, si sigue asi, podria hacerme dar leche como una vaca." La intensidad de esa idea la hizo estremecerse, y la sensacion de su lengua, alternando movimientos firmes y jugueteos humedos, la dejo al borde del delirio.

Renata arqueo la espalda instintivamente, empujando sus pechos hacia el como una suplica muda. Los dedos de Bruno se apoderaron de su otro pecho, amasandolo con una mezcla de fuerza y ternura que la hacia perder el aliento. Cada caricia era un recordatorio de su poder sobre ella, un recordatorio de que, en ese momento, no habia mas dueno de su placer que el.

—Dios, Bruno… —jadeo ella, con los ojos entrecerrados, sintiendo como cada mordisco y cada lamida encendian un fuego que se extendia desde su pecho hasta lo mas profundo de su vientre.

Bruno, consciente de cada estremecimiento, de cada temblor que provocaba, dejo un rastro de besos humedos que descendieron lentamente por su abdomen. Su barba aspera rozaba la piel suave de Renata, creando un contraste que la hacia gemir mas fuerte, incapaz de controlar los sonidos que escapaban de su garganta. Era como si cada roce suyo estuviera disenado para recordarle que no solo el la poseia en ese momento, sino que la tenia bajo un control absoluto, llevandola a un limite que no habia conocido antes.

Cuando los labios de Bruno finalmente encontraron el encaje granate que cubria su sexo, el no se detuvo. Con movimientos lentos, deslizo la tela a un lado, exponiendola por completo a su mirada cargada de deseo. Renata sintio como el aire calido de su aliento la envolvia, arrancandole un estremecimiento que recorrio todo su cuerpo. No podia apartar la mirada de el, de la forma en que sus ojos oscuros parecian devorarla incluso antes de que su lengua comenzara a explorarla.

El primer roce fue un toque apenas perceptible, una caricia que hizo que Renata contuviera el aliento, con los muslos temblando en anticipacion. Pero Bruno no tardo en hundir su rostro entre sus piernas con una voracidad que la dejo sin palabras. Su lengua, calida y humeda, se movia con una maestria desesperante, alternando trazos largos que cubrian todo su centro con circulos precisos en los puntos mas sensibles. Cada movimiento era un ataque directo a sus sentidos, arrancandole gemidos que resonaban por toda la habitacion.

Renata arqueo las caderas hacia el, como si su cuerpo ya no le perteneciera, incapaz de contenerse ante la intensidad de cada embestida de su lengua. Sus manos buscaban desesperadamente algo a lo que aferrarse: las sabanas, su propio cabello, y finalmente los mechones cortos y dispersos de Bruno, que dejaban entrever una incipiente calvicie. Ese detalle, tan mundano y contrastante con la fiereza de su entrega, solo hacia que el momento resultara mas prohibido, mas real, y que el torbellino de placer que la consumia se sintiera aun mas inevitable.

Bruno gruno contra su piel, el sonido vibrando directamente en su interior, mientras sus manos grandes y firmes se apretaban alrededor de sus caderas, inmovilizandola con una mezcla de fuerza y adoracion. Cada movimiento de su lengua era mas profundo, mas demandante, como si quisiera grabar su nombre en cada rincon de su piel. El contraste entre la aspereza de su barba rozandole la piel delicada y la suavidad experta de su lengua era una tortura deliciosa, una que la dejaba sin aire y al borde del delirio.

—No te detengas… por favor… —suplico Renata entre gemidos, su voz rota, temblorosa, como si cada palabra costara arrancarla de su garganta. Su cuerpo temblaba, cada musculo tensandose mientras se acercaba mas al limite, un limite que Bruno no parecia tener intencion de dejar intacto.

Bruno levanto apenas la cabeza, su boca humeda y su respiracion agitada, mientras la miraba con una intensidad que la hacia estremecer de pies a cabeza. —No pienso detenerme hasta que me des todo —murmuro antes de volver a hundirse entre sus piernas, llevandola mas alla de cualquier limite que hubiera imaginado.

El calor en el vientre de Renata se transformo en una explosion que la dejo jadeando, temblando bajo el mientras el placer la recorria en oleadas interminables. Bruno no se aparto, sosteniendola con fuerza, como si supiera que en ese momento era lo unico que podia mantenerla anclada a la realidad mientras la sumia en un extasis tan profundo que apenas podia respirar.

Bruno la observaba desde arriba, su cuerpo robusto y firme proyectando una sombra que la envolvia por completo. Renata aun jadeaba, con su pecho subiendo y bajando mientras las secuelas del placer recorrian su cuerpo. Sus ojos, brillantes y oscuros, se encontraron con los de el, y en ese momento lo supo: no habia nada que quisiera mas que entregarse por completo a este hombre que parecia encarnar cada uno de sus deseos mas profundos.

Con movimientos lentos, Renata se giro sobre la cama, apoyando sus manos y rodillas sobre las sabanas blancas. La lenceria granate, apenas un adorno ya desplazado por las caricias de Bruno no hacia nada por ocultar su cuerpo. Su espalda se arqueo de manera natural, presentandose ante el con una mezcla perfecta de sumision y desafio. El contraste era evidente: ella, joven y perfecta, y el, un hombre mayor, con el cuerpo robusto y marcado por los anos, cuyos ojos devoraban la escena con una lujuria que lo hacia parecer aun mas grande y dominante.

Renata giro ligeramente el rostro, sus mejillas encendidas, y le lanzo una sonrisa traviesa que era puro fuego, un desafio descarado. —Metelo, Bruno —murmuro, su voz baja y cargada de un deseo que le sacudio la columna vertebral.

El no necesito mas. Su pecho subia y bajaba con fuerza mientras sus manos gruesas se posaban en sus caderas, rodeandola con la seguridad de quien sabe que tiene el control. Su ereccion, liberada al fin, palpitaba con una urgencia que parecia desafiar su autocontrol. La vision de Renata asi, joven, entregada y tan dispuesta, lo lleno de algo mas que deseo. Era un placer crudo y casi prohibido, una sensacion de poder absoluto que hacia hervir su sangre.

Se acerco, dejando que sus manos recorrieran la curva de su espalda y se detuvieran un momento en su trasero, apretandolo con una firmeza que le arranco un jadeo. Ajusto su posicion, permitiendo que la punta de su miembro rozara su entrada, sintiendo el calor humedo que parecia invitarlo. Con un grunido bajo, se hundio en ella lentamente, disfrutando de cada segundo, de como su cuerpo se abria para el.

Renata dejo escapar un gemido ahogado, sus unas clavandose en las sabanas mientras su cuerpo temblaba al recibirlo. El avanzo despacio al principio, dejando que ambos se adaptaran a la intensidad del momento. Cada movimiento de Bruno parecia una reivindicacion, una declaracion de que, sin importar las diferencias entre ellos, ese cuerpo joven y ardiente estaba alli solo para el, entregado a sus manos y a su hambre insaciable.

—Eres tan deliciosa… —gruno Bruno, su voz grave y cargada de lujuria resonando en la habitacion mientras comenzaba a moverse, lento, pero con una firmeza que dejaba claro quien llevaba el control.

Cada embestida era una invasion de placer que hacia que Renata se arqueara aun mas, empujando su cuerpo hacia el como si quisiera sentirlo hasta el ultimo rincon de su ser. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba el aire, mezclandose con los gemidos desesperados de ella, que se hacian mas altos, mas urgentes, mientras la fuerza bruta y el hambre insaciable de Bruno la arrastraban a un extasis que quemaba cada pensamiento en su mente.

Con un movimiento decidido, Bruno se inclino hacia adelante, su pecho presionando contra la espalda sudorosa de Renata. Sus manos subieron por su cintura, firmes, como si quisieran reclamar cada centimetro de su piel antes de deslizarse hacia sus pechos. Los atrapo con fuerza, sus dedos jugando sin piedad con los pezones endurecidos, retorciendolos con una mezcla de caricia y presion que arranco de Renata pequenos gritos, un coro de placer que parecia invitarlo a ser aun mas intenso.

—No pares… no pares… —jadeaba Renata, su voz temblorosa, como si cada palabra fuera arrancada de lo mas profundo de su ser con cada embestida de Bruno. Sus unas, antes aferradas a las sabanas, ahora recorrian la piel de su espalda, dejando marcas rojas que desaparecian bajo el sudor. Su cuerpo, sacudiendose al ritmo frenetico que el marcaba, parecia una cuerda a punto de romperse, unida solo por el placer oscuro y abrumador que el le arrancaba sin piedad.

Bruno gruno bajo, inclinandose aun mas sobre ella mientras la hacia girar con un movimiento decidido. Renata quedo de espaldas sobre la cama, sus piernas cruzandose alrededor de su cintura robusta, encerrandolo en un abrazo desesperado. Sus brazos rodearon el cuello de Bruno, trayendolo mas cerca, sintiendo el peso de su cuerpo presionandola contra el colchon.

—Mas… mas profundo… —susurro, su voz entrecortada mientras sus caderas se alzaban instintivamente para encontrarse con las suyas. Sus muslos apretaban sus costados, exigiendo mas, cada vez mas, como si quisieran fusionarse en un solo cuerpo.

Bruno obedecio, moviendose con una mezcla perfecta de fuerza y hambre. Su torso grande y ligeramente sudoroso se rozaba contra los pechos de Renata con cada embestida, y ella, enredada alrededor de el, lo recibia como si su vida dependiera de ello. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitacion, mezclado con los gemidos incontrolables de Renata y la respiracion pesada de Bruno, que se volvia mas erratica con cada segundo que pasaba.

Renata sentia que el calor en su vientre volvia a encenderse, como un fuego que se extendia en oleadas cada vez mas intensas. Ya no habia pensamientos, solo sensacion pura. Se aferro mas fuerte a su cuello, tirando ligeramente de su cabello, mientras los movimientos de Bruno se volvian cada vez mas irregulares, su cuerpo entero tensandose como un resorte a punto de romperse.

Cuando el dejo escapar un grunido profundo, casi animal, Renata lo sintio, lo supo. Estaba cerca. Sus manos descendieron hacia sus caderas, guiandolo aun mas profundo dentro de ella mientras levantaba el rostro hacia el suyo. Sus ojos se encontraron, los de ella suplicantes y llenos de deseo, como si imploraran que no se detuviera nunca.

—Por favor, Bruno… no pares… —jadeo Renata, su voz rota y temblorosa, al borde del climax. Sus palabras eran apenas un susurro, pero cargadas de una urgencia que lo arrastro aun mas profundamente en su deseo compartido.

Bruno no necesitaba mas. Con un ultimo embate, intenso y decidido, la llevo al limite junto con el. Sus cuerpos se tensaron al unisono, atrapados en un torbellino de placer tan crudo y visceral que dejo a ambos jadeando, aferrados el uno al otro mientras el eco de sus gemidos llenaba la habitacion.

—Por favor… dentro… correte dentro —susurro Renata, sus labios temblando al pronunciarlo, su voz cargada de necesidad y abandono.

Bruno, incapaz de resistirse, dejo que su cuerpo se rindiera por completo al climax. Un grunido profundo escapo de su garganta mientras su cuerpo se arqueaba contra el de Renata, llenandola por completo. Ella lo recibio con un suspiro satisfecho, su pecho subiendo y bajando rapidamente mientras su cuerpo se relajaba, hundiendose contra las sabanas. La calidez que la invadia era mas que fisica; era un recordatorio de la intensidad que ambos acababan de compartir.

Por un instante, el mundo se redujo al sonido de sus respiraciones entrecortadas, al calor humedo de sus cuerpos y al latido desbocado de sus corazones. Bruno, todavia aferrado a sus caderas, se inclino hacia adelante y dejo un beso lento y suave, sus labios presionandose contra su piel con una ternura inesperada, como si quisiera marcar el momento con algo mas que placer.

—Eres increible … —murmuro, su voz baja, cargada de sinceridad y admiracion, mientras sus manos se deslizaban por su cintura en una ultima caricia que la hacia sentir completamente suya.

Bruno permanecia aun sobre Renata, su cuerpo grande y calido cubriendola mientras ambos recuperaban el aliento. Sus respiraciones se mezclaban en la habitacion, el aroma del sexo y el sudor llenando el aire como un eco tangible de lo que acababa de suceder. Renata, con los ojos cerrados, dejo que una sonrisa lenta se dibujara en sus labios mientras sentia la presion firme del vientre de Bruno contra su espalda baja, un peso que no la aplastaba, sino que la envolvia, como si la mantuviera anclada en el momento.

Con movimientos lentos, Bruno comenzo a retirarse, pero Renata, aun perdida en el calor del momento, giro sobre si misma y lo detuvo colocando una mano firme en su pecho. Sus ojos brillaban, aun encendidos por el deseo, pero ahora habia algo mas en su mirada: una curiosidad atrevida, casi juguetona.

—¿Que pasa? —pregunto Bruno, con una sonrisa torcida, sin intentar moverse mas.

Renata no respondio de inmediato. En cambio, dejo que sus dedos recorrieran la piel humeda y tibia de su torso. Se detuvieron en su pecho, descendiendo lentamente por las curvas suaves de su abdomen, explorando los pliegues de su vientre con una mezcla de fascinacion y descaro.

—Siempre he querido hacer esto —confeso, su voz baja y ronca, mientras sus manos trazaban caminos deliberados por su piel, presionando ligeramente con las yemas de los dedos, sintiendo la calidez y la textura que solo el tenia.

Bruno solto una risa suave, mas sorprendido que incomodo, y la dejo continuar, observandola mientras su cuerpo reaccionaba al toque de Renata. Ella, cada vez mas segura, dejo que sus labios siguieran el rastro de sus manos, dejando pequenos besos humedos que arrancaban pequenos estremecimientos a Bruno.

—Renata… —murmuro el, entrecerrando los ojos cuando ella, con un movimiento audaz, mordisqueo suavemente su abdomen antes de mirarlo desde abajo, sus ojos llenos de travesura y deseo.

—Me encanta esto de ti —dijo ella, dejando que una de sus manos descendiera hacia su pelvis—. Tu fuerza, tu peso… todo tu. Eres exactamente lo que siempre necesitaba, aunque no lo sabia.

Bruno la miro con una intensidad que la desarmo, pero no dijo nada. En cambio, la atrajo hacia el con una sola mano en su nuca, inclinandose para besarla con una pasion renovada. Renata se dejo llevar, disfrutando del contraste entre su tamano y el suyo, entregandose a ese momento con una confianza que nunca habia experimentado antes.

Finalmente, se separaron, y Renata se dejo caer junto a el en la cama, su cuerpo aun temblando ligeramente mientras ambos miraban al techo, envueltos en la calma que sigue al caos.

—¿Y ahora? —pregunto Bruno, girando la cabeza hacia ella con una sonrisa que mezclaba satisfaccion y curiosidad.

Renata lo miro de reojo, su sonrisa traviesa regresando. Se inclino hacia el, dejando que sus labios rozaran su oido mientras susurraba: —Ahora hacemos que esto sea nuestro pequeno secreto… y veremos cuanto tiempo puedes mantenerlo solo para ti.

Bruno solto una carcajada, esa risa profunda y grave que Renata ya sabia que adoraba. Ella se levanto con una gracia que contrastaba con la intensidad del momento, tomando su vestido del suelo y deslizandolo lentamente sobre su cuerpo desnudo, como si lo hiciera solo para provocarlo.

Cuando termino de arreglarse, se inclino sobre el, dejando un beso en sus labios antes de susurrar: —Nos vemos manana en la oficina.

Y con esas palabras, salio de la habitacion, dejando a Bruno recostado en la cama, observandola desaparecer con una mezcla de admiracion y deseo. Sabia que esto no era el final, sino el comienzo de algo mucho mas intenso, un juego en el que ambos estaban dispuestos a ir mas alla de los limites que alguna vez se habian impuesto.
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